Y si las arrugas no fueran el problema, sino el comienzo?

L’Oréal y NUS Medicine investigarán si la forma en que envejece nuestra piel puede entregar pistas sobre cómo está envejeciendo el resto del organismo.

-

Hace unos siete años tuve una conversación que en ese momento me pareció importante, aunque después no ocurrió demasiado con ella.

Estaba reunido con el jefe de una prestigiosa institución de salud y, en algún momento, comenzamos a hablar de medicina antienvejecimiento. Por entonces el concepto todavía sonaba novedoso. Incluso podía generar cierta distancia: la medicina estaba mucho más acostumbrada a hablar de enfermedades asociadas a la edad que del envejecimiento como un proceso que también podíamos intentar comprender.

Le conté cómo imaginaba esa medicina. No se trataba simplemente de vivir más ni, mucho menos, de intentar detener el paso del tiempo. La idea era bastante más sencilla: si sabemos que muchos cambios ocurren lentamente durante años antes de manifestarse como enfermedad, quizás tenía sentido empezar a buscarlos antes. Por qué esperar a que algo falle para preguntarnos cómo venía funcionando?

La conversación fue interesante. La idea le llamó la atención. Pero quedó ahí.

Pasaron los años, la medicina de la longevidad comenzó a ocupar espacios que entonces no tenía y aquella conversación terminó guardada entre tantas otras que uno tiene a lo largo de la vida.

Siete años después

Hasta hace unos días.

Leyendo sobre una nueva alianza entre L’Oréal y la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Singapur, volví a acordarme de ella. No estaban anunciando una nueva crema para las arrugas ni una tecnología para hacer que la piel pareciera más joven. Querían investigar algo bastante más ambicioso.

Durante los próximos años intentarán averiguar si la manera en que envejecen nuestra piel, nuestro cabello y nuestro cuero cabelludo guarda alguna relación con lo que está ocurriendo, al mismo tiempo, en nuestro metabolismo, nuestro sistema cardiovascular, nuestro cerebro y nuestro aparato musculoesquelético. En otras palabras, quieren empezar a responder una pregunta que parece casi demasiado sencilla:

Puede aquello que vemos por fuera decirnos algo sobre cómo estamos envejeciendo por dentro?

Lo importante
  • L’Oréal y NUS Medicine investigarán si la forma en que envejece la piel se relaciona con el envejecimiento metabólico, cardiovascular, cognitivo y musculoesquelético.
  • Procesos que ocurren dentro del organismo pueden dejar huellas visibles en la piel. La glicación del colágeno es un ejemplo conocido.
  • Una arruga, una mancha o la pérdida de elasticidad no tienen una única explicación. La piel acumula la influencia de genética, ambiente, metabolismo, hormonas y hábitos.
  • La gran pregunta ya no es solamente cómo mejorar lo que vemos, sino qué podría significar. Quizás hemos aprendido a modificar algunas señales antes de aprender a interpretarlas.

Una pregunta que parece obvia

Nuestro cuerpo no está construido como una colección de piezas independientes. La piel no vive aislada del metabolismo, de las hormonas, de la circulación sanguínea, de la alimentación o de todo aquello que nos ocurre a lo largo de los años. Parece razonable pensar que, si algo cambia dentro de nosotros, alguna parte de ese cambio pueda terminar manifestándose también afuera.

Pero si realmente fuera tan obvio, probablemente actuaríamos de otra manera.

Cuando una persona comienza a notar que su piel está más seca, que perdió elasticidad, que las arrugas parecen haber avanzado más rápido o que sus uñas crecen más lentamente, rara vez se pregunta qué está ocurriendo en el resto de su organismo. Piensa que está envejeciendo. Y muchas veces nosotros, los médicos, hacemos algo bastante parecido.

No deja de ser interesante descubrir si lo todo aquello que vemos en la superficie necesariamente comienza y termina en la superficie.

Podemos recomendar una crema para la sequedad, un tratamiento con exosomas para mejorar la calidad de la piel o alguna intervención para las arrugas. Si no existe una manifestación suficientemente llamativa como para hacernos sospechar una enfermedad, lo más probable es que esos cambios permanezcan en el territorio de lo estético o simplemente de lo esperable para la edad.

El punto ciego

Y quizás ahí exista un punto ciego. Porque una cosa es aceptar que la piel cambia con los años y otra muy distinta es comprender por qué una determinada piel está envejeciendo de esa manera.

Todos conocemos personas de la misma edad que parecen pertenecer a generaciones diferentes. Una conserva una piel firme y elástica; otra acumula arrugas, sequedad y cambios de textura mucho antes. Podemos atribuir parte de esas diferencias al sol, al tabaco, a la genética o al cuidado de la piel. Pero ¿eso explica todo?

La pregunta que plantea la investigación de L’Oréal y NUS Medicine es precisamente si existe otra parte de la historia que hasta ahora hemos observado mucho menos: cuánto de lo que vemos en la superficie puede estar relacionado con la manera en que está envejeciendo el resto del organismo.

Hay que empezar a comparar lo que vemos por fuera con lo que podemos medir por dentro.

Cuando el envejecimiento todavía no es enfermedad

Y aquí aparece una dificultad que probablemente explica por qué esta relación ha recibido menos atención de la que podríamos imaginar.

La medicina es extraordinariamente buena cuando sabe qué buscar. Para estudiar diabetes, medimos glicemia. Ante la sospecha de hipertensión, medimos la presión arterial. Y para estimar riesgo cardiovascular, podemos estudiar colesterol, tabaquismo, presión, antecedentes familiares y muchos otros factores. Tenemos números, rangos y puntos de corte que nos ayudan a reconocer cuándo determinados parámetros comienzan a alejarse de lo esperado.

Con el envejecimiento es bastante más difícil. No existe un momento preciso en que una persona deje de ser joven y comience a envejecer. Tampoco existe un único examen que nos diga cuánto ha envejecido su organismo. El proceso ocurre lentamente, durante décadas, y no necesariamente avanza a la misma velocidad en todos nuestros órganos.

Una persona puede mantener una excelente capacidad cognitiva y, al mismo tiempo, haber perdido una cantidad importante de masa muscular. Otra puede conservar fuerza y movilidad, pero acumular alteraciones metabólicas que todavía no producen síntomas.

Ilustración sobre la piel como posible fuente de señales del envejecimiento y la salud del organismo.
Y si algunos cambios que vemos en la piel también pudieran entregar pistas sobre lo que ocurre dentro de nuestro cuerpo?

El problema comienza antes que la enfermedad

Y durante buena parte de ese recorrido nadie está necesariamente enfermo. Ese es el punto importante.

Porque solemos imaginar el envejecimiento a partir de sus consecuencias más evidentes: fragilidad, pérdida de funcionalidad, enfermedades cardiovasculares, deterioro cognitivo o alteraciones metabólicas. Pero cuando esas manifestaciones aparecen, el proceso que contribuyó a producirlas probablemente llevaba años desarrollándose.

La pregunta entonces deja de ser solamente cómo tratar las consecuencias. También necesitamos saber cómo reconocer el proceso mientras todavía está ocurriendo.

Para eso utilizamos cada vez más información: composición corporal, fuerza muscular, capacidad cardiorrespiratoria, parámetros metabólicos, función cognitiva y numerosos biomarcadores que intentan describir distintas dimensiones de nuestra edad biológica.

Pero existe un órgano que tenemos disponible para observar todos los días: la piel.

Y antes de pensar que atribuirle información sobre lo que ocurre dentro del organismo es una idea demasiado especulativa, conviene detenerse en algo que conocemos desde hace mucho tiempo. Porque existen procesos internos capaces de modificarla. Uno de los mejores ejemplos comienza con algo tan cotidiano como el azúcar.

Cuando el azúcar deja huellas en la piel

El azúcar puede parecer un lugar extraño para buscar una explicación sobre cómo envejece nuestra piel, pero pensemos por un momento en algo mucho más cotidiano: un caramelo.

Cuando calentamos azúcar, este cambia. Se oscurece, se vuelve pegajoso y, cuando se enfría, puede terminar duro y quebradizo. Ya no se comporta como antes. En nuestro cuerpo ocurre un fenómeno diferente, pero que puede ayudarnos a entender la idea. Se llama glicación.

Cuando tenemos glucosa circulando en la sangre, una pequeña parte puede ir uniéndose a proteínas de nuestro organismo. Si la glucosa permanece elevada durante mucho tiempo, como puede ocurrir en la diabetes, este proceso aumenta. Y qué tiene que ver esto con nuestra piel? Mucho, porque una de las proteínas que puede verse afectada es el colágeno.

Podemos imaginarlo como una especie de caramelización lenta. No es realmente caramelo ni ocurre por calor, pero el ejemplo sirve para entender qué sucede: con el tiempo, el azúcar puede contribuir a que las fibras de colágeno formen uniones entre ellas y se vuelvan más rígidas, como el caramelo cuando se enfría. Pierde flexibilidad. Y una piel cuyo colágeno pierde parte de su flexibilidad también puede perder elasticidad y cambiar su textura y apariencia.

Quizás
la Arruga

no sea el problema
Quizás sea la pista

Lo que vemos es solo el final

En personas con diabetes este fenómeno puede ser más marcado porque una concentración elevada de glucosa mantenida durante años favorece la glicación. Pero no es un proceso exclusivo de la diabetes. La glicación también forma parte, en cierta medida, del envejecimiento normal. Esto, por supuesto, no significa que podamos mirar una arruga y decir que alguien tiene el azúcar elevado.

Una arruga puede tener muchas explicaciones: sol, genética, tabaco, movimientos repetidos, cambios hormonales y el propio paso del tiempo. Lo importante es otra cosa. Algo que comenzó dentro del organismo, y que nunca vimos ocurrir, puede terminar modificando algo que sí vemos frente al espejo.

La piel, entonces, no siempre cuenta una historia exclusivamente de la piel. A veces muestra el final de una historia que comenzó mucho más adentro. Y si sabemos que esto puede ocurrir con la glucosa, aparece una pregunta mucho más interesante:

Cuántos otros procesos que ocurren dentro de nuestro cuerpo estarán dejando señales afuera sin que todavía sepamos leerlas?

Una señal casi nunca tiene una sola explicación

El envejecimiento no escribe con una sola tinta. La piel de una persona es el resultado de innumerables influencias que se han ido acumulando durante décadas. Algunas vienen desde afuera, como la radiación ultravioleta, el ejemplo más evidente. También el tabaco, la contaminación, la temperatura o las características del ambiente en que vivimos.

Otras vienen desde dentro. El metabolismo, las hormonas, la circulación, la nutrición, la inflamación y nuestra propia genética también participan, de distintas maneras, en la forma en que la piel conserva o pierde algunas de sus características con el paso del tiempo.

Y todas esas influencias terminan mezclándose. Por eso una arruga no tiene una traducción única.

Tampoco la tienen la sequedad, la pérdida de elasticidad, una alteración de la pigmentación o un cambio en la velocidad con que crecen el cabello y las uñas. El mismo signo visible puede ser el resultado de caminos biológicos muy diferentes.

Eso hace que interpretar lo que vemos sea mucho más difícil que simplemente describirlo.

Tenemos que aprender a mirar antes de actuar. Quizás la piel nos revela mucho más de lo que hoy entendemos

La misma edad, dos envejecimientos diferentes

Pensemos en dos personas de 60 años.

Una parece considerablemente más joven que la otra. Podemos observar la diferencia casi inmediatamente, aunque probablemente nos costaría mucho explicar con precisión qué estamos viendo. Una determinada distribución de arrugas, la calidad de la piel, su elasticidad, el volumen de los tejidos, el cabello, incluso la manera en que se mueve el rostro construyen una impresión que nuestro cerebro resume rápidamente en una palabra: edad.

Durante mucho tiempo hemos entendido esa diferencia principalmente desde la apariencia. Una envejeció “mejor” que la otra. Pero la pregunta interesante es qué significa realmente ese “mejor”. Se limita a la piel? O una parte de aquello que interpretamos como una apariencia más joven podría estar relacionada también con diferencias en el metabolismo, la función cardiovascular, la composición corporal u otros sistemas que envejecen junto con nosotros?

Todavía no lo sabemos. Y justamente por eso la alianza entre L’Oréal y NUS Medicine resulta interesante: en lugar de asumir que esa relación existe, intentará medirla. Quizás encuentren asociaciones importantes. Quizás descubran que la piel sigue un camino mucho más independiente de lo que imaginamos. Pero cualquiera de las dos respuestas nos obligaría a mirar de otra manera algo que hemos tenido siempre delante.

Un jeroglífico escrito sobre nosotros

Durante siglos, los jeroglíficos egipcios estuvieron a la vista de todos. Se podían observar sus figuras, reconocer que algunas se repetían, compararlas e incluso clasificarlas. Un pájaro era claramente distinto de un ojo. Una figura humana no era lo mismo que una serpiente.

Los símbolos estaban ahí. Lo que faltaba era saber qué significaban.

La Piedra de Rosetta cambió esa historia porque permitió comparar un mismo mensaje escrito en diferentes sistemas. Aquello proporcionó una clave que, después de años de trabajo, permitió comenzar a descifrar una escritura que llevaba siglos sin poder leerse.

Con el envejecimiento podría estar ocurriendo algo vagamente parecido. También tenemos símbolos delante de nosotros. Vemos arrugas, cambios de pigmentación, pérdida de elasticidad, sequedad, modificaciones en la textura de la piel. También observamos cómo cambia el cabello, cómo crecen nuestras uñas e incluso somos capaces de reconocer, casi instantáneamente, cuándo alguien parece mayor o menor que otra persona de su misma edad.

📖 Lee también


Estamos comprando Salud?


Estamos comprando Salud?

Cada día compramos alimentos que prometen cuidar nuestra salud. Pero la verdadera pregunta es otra: ¿estamos construyendo un cuerpo más sano… o solo comprando esa sensación?


→ Leer artículo

Algunas de esas señales hemos comenzado a comprenderlas. Conocemos bastante bien la huella que puede dejar una exposición solar acumulada. Sabemos que el tabaco acelera determinadas características del envejecimiento cutáneo. Y, como vimos con la glicación, conocemos mecanismos capaces de conectar un fenómeno metabólico que ocurre dentro del organismo con modificaciones estructurales que terminan haciéndose visibles en la piel.

Pero conocer algunos símbolos no significa comprender un idioma. Una arruga aislada probablemente nos dice muy poco. Lo mismo una mancha o una piel más seca. Pero quizás determinadas combinaciones de textura, elasticidad, pigmentación y otras características contengan más información de la que hoy sabemos interpretar.

Buscar correspondencias

Eso es, en el fondo, lo interesante de la alianza entre L’Oréal y NUS Medicine. De alguna manera, los investigadores intentarán poner dos textos uno al lado del otro. En uno estarán las señales que pueden observar y medir en la piel, el cabello y el cuero cabelludo. En el otro, información sobre cómo están envejeciendo el metabolismo, el sistema cardiovascular, la función cognitiva y el aparato musculoesquelético de esas mismas personas.

Después habrá que buscar correspondencias. Puede que muchas no existan. Puede que la piel siga un camino mucho más independiente de lo que imaginamos. Pero también es posible que determinados patrones comiencen a repetirse y que algunas características visibles terminen aportando pistas sobre procesos que hasta ahora hemos necesitado buscar mucho más adentro.

Antes de borrar una señal

Si eso ocurre, también podría cambiar sutilmente nuestra manera de entender la medicina estética. Frente a una arruga seguirá siendo perfectamente legítimo preguntarnos cómo mejorarla. Frente a una mancha, cómo tratarla. Frente a una pérdida de elasticidad, qué podemos hacer para recuperar parte de las propiedades que la piel tenía antes.

Pero quizás aparezca una pregunta anterior: por qué esta persona está envejeciendo de esta manera?

No para convertir cada arruga en una enfermedad ni para pretender diagnosticar el estado del organismo mirando una cara. Sino para dejar de asumir que todo aquello que vemos en la superficie necesariamente comienza y termina en la superficie.

Aprender a mirar antes

Y en este punto vuelvo inevitablemente a aquella conversación de hace siete años. Entonces pensaba que uno de los grandes desafíos de la medicina antienvejecimiento era aprender a intervenir antes de que aparecieran las consecuencias del envejecimiento.

Hoy agregaría algo. Para intervenir antes, primero tendremos que aprender a mirar antes. A reconocer señales cuando todavía no constituyen enfermedad y a relacionar información que tradicionalmente hemos estudiado por separado. Porque el músculo, el metabolismo, el cerebro, el corazón y, posiblemente, también la piel pueden estar contando capítulos diferentes de un mismo proceso.

La investigación de L’Oréal y NUS Medicine tardará años en decirnos cuánto de todo esto es realmente posible. Pero la pregunta ya tiene valor por sí misma. Durante mucho tiempo hemos mirado nuestra piel preguntándonos cómo mejorarla. Quizás ahora tengamos que empezar a preguntarnos también qué significa.

El cuerpo podría llevar años escribiendo parte de su historia a plena vista. Nosotros recién estamos empezando a aprender a leerla.

Quizás el cuerpo avisa antes de enfermar.
El problema es que todavía no sabemos escucharlo.

RELACIONADOS

Dolor crónico y ejercicio 1

Dolor Crónico y Ejercicio: se puede?

“No puedo ir a entrenar porque tengo un dolor que no se me va.”Alguna vez...
Como evitar un envejecimiento patologico

Cómo evitar un envejecimiento patológico?

Todos envejecemos a un ritmo distinto, incluso cada uno de nuestros órganos lo hacen a...
medicina-estetica-5-signos-envejecimiento-pandemia-Zoom

Los 5 signos de envejecimiento que Zoom delata en tiempos de pandemia

Sin duda el rostro siempre ha sido nuestra mejor carta de presentación, pero se asociaba...

Dr. Eduardo Oyarse
Dr. Eduardo Oyarsehttps://soloestetica.cl
Cirujano Plástico en Clínica Alemana de Santiago. Director médico del centro The Spa (www.the-spa.cl). Master en Medicina Antienvejecimiento. Sus áreas de interés son liposucción, cirugía mamaria y rejuvenecimiento facial no quirúrgico
- Advertisment -
BotoxClub en Soloestetica
Relax 360 en Soloestetica

LO ÚLTIMO

Ilustración sobre la pérdida de grasa, músculo, agua y glucógeno al bajar de peso.

Qué baja realmente cuando bajamos de peso?

Hace unos días estaba leyendo algunas noticias cuando me encontré con una que, al principio, no parecía demasiado sorprendente. Hablaba de Ozempic y de...