Por qué me siento cansada si estoy durmiendo?

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Hay una escena que se repite cada mañana en miles de hogares. Suena la alarma, abres los ojos, miras el reloj y haces un cálculo rápido: siete horas. Quizás ocho. A veces incluso más.

En teoría debería sentirse descansada, sin embargo, permaneces unos segundos inmóvil mirando el techo. No tienes sueño, no sientes que vayas a quedarte dormida nuevamente, pero tampoco tienes ganas de levantarte. El café parece una necesidad más que un gusto. Y la idea de empezar el día requiere bastante más esfuerzo del que te gustaría admitir.

Entonces aparece una explicación que parece razonable. «Debe ser la edad.» Después de todo, hemos escuchado tantas veces que después de los cuarenta o cincuenta años es normal sentirse más cansados, recuperarse más lento o despertar con menos energía que antes, que terminamos aceptándolo como una consecuencia inevitable del paso del tiempo.

Pero la realidad suele ser bastante más interesante, porque muchas veces el problema no es que estés durmiendo poco. El problema es que tu organismo no está logrando aprovechar adecuadamente esas horas de sueño, porque dormir y recuperarse no siempre son la misma cosa.

Cuando existen carencias nutricionales, el cuerpo sigue intentando realizar su trabajo nocturno, pero no siempre puede hacerlo con la misma eficiencia.


Lo que ocurre mientras creemos que no ocurre NADA

Cuando pensamos en el sueño solemos imaginar una especie de pausa biológica. Como si el cuerpo apagara parcialmente sus funciones para retomarlas al día siguiente. Sin embargo, mientras dormimos ocurre exactamente lo contrario. El organismo inicia uno de los períodos de trabajo más intensos de toda la jornada.

Se reparan tejidos. Se recupera musculatura. Se regulan hormonas. Se reorganiza información. Y el cerebro aprovecha para realizar tareas que simplemente no puede ejecutar mientras estamos despiertos.

Dormir no es detenerse. Dormir es trabajar en silencio. Por eso no todas las horas de sueño tienen el mismo valor.

Durante la primera mitad de la noche predomina un sueño profundo orientado principalmente a la recuperación física. Es el momento en que gran parte de los mecanismos de reparación corporal alcanzan su máxima actividad. La segunda mitad de la noche, en cambio, tiene una misión diferente. Es cuando aparecen con mayor frecuencia las fases de sueño REM, el período en que soñamos más intensamente y en el que el cerebro realiza una enorme cantidad de procesos relacionados con la memoria, el aprendizaje y la recuperación mental.

En otras palabras, una parte importante de la noche está dedicada al cuerpo. La otra, al cerebro. Y ambas son necesarias para despertar realmente descansados.

Cuando el cerebro NO logra recuperarse

Quizás te ha ocurrido alguna vez. Dormiste toda la noche. No recuerdas haberte despertado. Sin embargo, al levantarte tienes la sensación de que tu mente sigue agotada. Las palabras parecen demorarse un poco más en aparecer. Cuesta concentrarse. Esos pequeños olvidos que se vuelven más frecuentes. El cerebro parece necesitar varias horas para ponerse en marcha.

Muchas personas interpretan esta sensación como envejecimiento, pero no siempre es así. Durante el sueño profundo y REM el cerebro lleva a cabo procesos extraordinariamente complejos. Consolida recuerdos, organiza información adquirida durante el día y fortalece conexiones neuronales que participan en el aprendizaje. Además, durante la noche se activa un sistema de limpieza cerebral conocido como sistema glinfático, encargado de eliminar productos de desecho que se acumulan durante la vigilia.

Por eso algunas personas describen perfectamente lo que está ocurriendo cuando dicen: «Dormí toda la noche, pero siento que mi cerebro sigue cansado.» No necesariamente les falta sueño. Puede estar faltando recuperación cerebral.

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El cuerpo necesita materiales para repararse

Hay otro aspecto que solemos olvidar. Muchas veces hablamos de los mecanismos de reparación del organismo como si funcionaran automáticamente, pero ningún proceso biológico puede realizarse sin disponer de los recursos necesarios. Para reparar tejidos, producir neurotransmisores, mantener el equilibrio del sistema nervioso o regular la actividad muscular, el organismo necesita vitaminas, minerales y nutrientes adecuados.

El magnesio participa en cientos de reacciones metabólicas. El calcio interviene en procesos que van mucho más allá de la salud ósea, incluyendo funciones neurológicas y musculares. Diversas vitaminas participan en mecanismos esenciales para la producción de energía y el funcionamiento cerebral.

Cuando existen carencias nutricionales, el cuerpo sigue intentando realizar su trabajo nocturno, pero no siempre puede hacerlo con la misma eficiencia. Es como intentar reparar una casa sin disponer de suficientes materiales. La intención está presente, pero los resultados no necesariamente.

Cuando el problema ocurre mientras duermes

Existe una causa de cansancio que pasa desapercibida con frecuencia. Algunas personas presentan alteraciones metabólicas capaces de interferir silenciosamente con la calidad del sueño. La resistencia a la insulina es un buen ejemplo. Durante la noche pueden producirse elevaciones de glucosa e insulina que favorecen pequeños episodios de activación fisiológica. No siempre generan despertares evidentes y muchas veces la persona ni siquiera los recuerda.

Sin embargo, el organismo experimenta microdespertares, aumento de actividad simpática y liberación de hormonas relacionadas con el estrés. Desde fuera parece que la persona durmió toda la noche, pero desde dentro el cuerpo pasó horas alternando entre descanso y estados de alerta.

Al día siguiente aparece exactamente la misma sensación: «Dormí, pero no descansé.»

El estrés también duerme con nosotros

Probablemente una de las causas más frecuentes de cansancio matinal sea también una de las más difíciles de reconocer.

Hay personas que logran acostar el cuerpo, pero no logran acostar la mente. Las preocupaciones económicas, los hijos, las responsabilidades laborales, los problemas pendientes. Todo eso puede permanecer activo incluso mientras dormimos y el cerebro entra en una especie de vigilancia permanente, como si nunca terminara de sentirse completamente seguro para descansar.

Estas personas suelen describir algo muy característico. Despiertan cansadas y recién comienzan a sentirse mejor varias horas después de levantarse. Es como si el día avanzara más rápido que su capacidad de recuperación.

Si esto te ocurre con frecuencia, vale la pena prestar atención a algunas pistas. Te despiertas durante la noche? Te cuesta concentrarte por las mañanas? Dependes cada vez más del café para funcionar? Has notado cambios en tu peso, tu memoria o tu nivel de estrés? A veces las respuestas están más cerca de lo que imaginamos.

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Quizás NO sea la edad

Con frecuencia atribuimos el cansancio al paso de los años y es cierto que algunas cosas cambian con el tiempo. Pero muchas veces la explicación no está en la edad, sino en una arquitectura del sueño alterada. En un cerebro que no logra completar adecuadamente sus procesos de recuperación. También en déficits nutricionales que limitan la reparación nocturna o en alteraciones metabólicas que fragmentan silenciosamente el descanso. Y no olvidemos el estado de alerta casi permanente.

Por eso, cuando una mujer me dice que duerme ocho horas y aun así se siente agotada, rara vez pienso primero en la cantidad de sueño. Pienso en la calidad de la recuperación, porque no siempre necesitamos dormir más.

Porque muchas veces no es la edad la que está hablando. Es un cerebro que no logra recuperarse por completo, un organismo que intenta repararse con recursos insuficientes. Es un cuerpo que lleva demasiado tiempo funcionando en modo alerta. Y la buena noticia es que muchas de esas situaciones tienen solución.

A veces no necesitamos dormir más. A veces necesitamos volver a descansar de verdad.

Dr. Eduardo Oyarse
Dr. Eduardo Oyarsehttps://soloestetica.cl
Cirujano Plástico en Clínica Alemana de Santiago. Director médico del centro The Spa (www.the-spa.cl). Master en Medicina Antienvejecimiento. Sus áreas de interés son liposucción, cirugía mamaria y rejuvenecimiento facial no quirúrgico
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