Hay algo curioso que ocurre cuando buscamos información sobre salud. Cuanto más extraordinaria parece una afirmación, más ganas tenemos de creerla.
- «Este ingrediente está prohibido.»
- «Los médicos no quieren que lo sepas.»
- «Todo lo que sabías sobre el protector solar era mentira.»
No es casualidad. Nuestro cerebro siempre ha sentido fascinación por aquello que desafía lo establecido. Lo novedoso capta nuestra atención. Lo inesperado despierta curiosidad. Y las redes sociales conocen muy bien esa debilidad.
La medicina no avanza gracias a quien hace la afirmación más llamativa
Por eso no me sorprendió leer un estudio reciente que analizó casi mil videos de TikTok relacionados con el protector solar. La buena noticia es que la inmensa mayoría promovía correctamente su uso. La mala es que un pequeño grupo de publicaciones con información falsa generaba muchas más interacciones que gran parte del contenido respaldado por evidencia científica.
No porque fueran ciertas. Simplemente porque eran más provocadoras.
Algunas aseguraban que los protectores solares son tóxicos. Otras afirmaban que impiden producir vitamina D o que aumentan el riesgo de enfermedades. Mensajes llamativos, fáciles de compartir y capaces de instalar una duda en apenas unos segundos. Y ahí aparece el verdadero problema: la desinformación no necesita ser mayoritaria para ser influyente. Basta con que resulte lo suficientemente impactante para que el algoritmo la impulse y miles de personas la recuerden más que una explicación médica cuidadosamente elaborada.
Curiosamente, el mismo estudio reveló otro fenómeno. Aunque la mayoría de los videos promovía el uso del protector solar, muy pocos hablaban de la razón más importante para utilizarlo: prevenir el cáncer de piel. En cambio, abundaban los consejos para conseguir una piel luminosa, retrasar el envejecimiento, elegir entre filtros minerales o químicos, o aplicar correctamente la cantidad de producto.

Todo eso tiene valor. Pero, en algún momento, el mensaje principal comenzó a perderse. El protector solar no nació para conseguir una piel perfecta en las fotografías. Nació para proteger un órgano que recuerda cada minuto de exposición solar que acumulamos a lo largo de la vida.
Como cirujano plástico, entiendo perfectamente el interés por prevenir manchas, arrugas y fotoenvejecimiento. De hecho, la protección solar sigue siendo uno de los tratamientos antienvejecimiento más efectivos que conocemos. Sin embargo, su beneficio más importante continúa siendo otro: disminuir el daño producido por la radiación ultravioleta y reducir el riesgo de desarrollar cáncer de piel.
Quizás la enseñanza más interesante de este estudio no tenga relación con el protector solar. Tiene relación con nosotros.
Hoy nunca habíamos tenido tanto acceso a información médica. Pero tampoco habíamos estado tan expuestos a mensajes diseñados para emocionar antes que para informar. Por eso, la próxima vez que un video prometa revelar aquello que «nadie quiere que sepas«, antes de creerlo, o descartarlo, vale la pena hacerse una pregunta muy simple: ¿en qué se basa?
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Porque las redes sociales premian aquello que despierta emociones, sorprende o genera controversia y la medicina funciona de otra manera. No avanza gracias a quien hace la afirmación más llamativa, sino gracias a las ideas que logran demostrar, una y otra vez, que eran ciertas. Y, aunque eso rara vez se vuelva viral, sigue siendo la mejor forma de proteger nuestra salud.



















