Dentro de pocos meses, Mick Jagger cumplirá 83 años. Esa probablemente sea la parte menos interesante de la noticia. Lo verdaderamente llamativo es que, junto a los Rolling Stones, acaba de lanzar un nuevo disco con canciones que no suenan a un homenaje al pasado, sino a música capaz de competir con producciones actuales. Después de más de seis décadas de carrera, sigue escribiendo, grabando, ensayando y subiéndose a un escenario con una energía creativa que muchos considerarían difícil incluso varias décadas antes.
Durante mucho tiempo asociamos el envejecimiento con una secuencia inevitable: menos fuerza, menos memoria, menos entusiasmo y, finalmente, menos capacidad para crear. Sin embargo, la ciencia ha comenzado a cuestionar esa idea. Hoy sabemos que la edad cronológica explica solo una parte de la historia. Dos personas de 80 años pueden tener un calendario idéntico, pero una diferencia enorme en su edad biológica. Mientras una conserva independencia, curiosidad y proyectos, otra enfrenta un deterioro mucho más acelerado.
La medicina antienvejecimiento no busca que todos parezcamos de treinta años.
Cuando pensamos en creatividad solemos imaginar una cualidad artística, casi un talento reservado para músicos, escritores o pintores, pero, en realidad, el cerebro utiliza la creatividad todos los días. Es la capacidad de conectar ideas, resolver problemas, aprender algo nuevo, adaptarse a cambios y mantener la curiosidad. Desde ese punto de vista, seguir siendo creativo también es una manifestación de un cerebro que continúa funcionando bien.
Para que eso ocurra no basta con tener una buena genética. El cerebro es uno de los órganos más exigentes del organismo. Consume cerca del 20% de la energía que producimos, depende de un adecuado flujo sanguíneo y necesita un ambiente metabólico estable para mantener miles de millones de conexiones neuronales activas. Cuando aparecen resistencia a la insulina, inflamación crónica, pérdida de masa muscular, alteraciones hormonales o un sueño insuficiente, el rendimiento cerebral también comienza a resentirse.
En los últimos años hemos aprendido que el ejercicio físico no solo fortalece los músculos. También estimula la producción de factores de crecimiento como el BDNF (Brain-Derived Neurotrophic Factor), que favorece la formación de nuevas conexiones neuronales y ayuda a preservar funciones cognitivas. Dormir bien permite consolidar la memoria y eliminar metabolitos (elementos de desecho) que se acumulan durante el día. Una alimentación rica en alimentos mínimamente procesados aporta los nutrientes necesarios para mantener la estructura y el funcionamiento de las neuronas. Incluso una adecuada salud metabólica parece desempeñar un papel importante en la prevención del deterioro cognitivo.

Nada de esto significa que exista una fórmula para seguir componiendo canciones a los 83 años. Mick Jagger no representa una receta; representa una posibilidad. Nos recuerda que el envejecimiento no es un proceso uniforme y que conservar la capacidad de crear depende, en parte, del estado de salud con el que llegamos a cada etapa de la vida.
Quizás esa sea la mejor manera de medir el envejecimiento. No por la cantidad de años cumplidos, sino por la capacidad de seguir creando, emocionando e inspirando a otros. La medicina antienvejecimiento no busca que todos parezcamos de treinta años. Busca que podamos seguir haciendo aquello que da sentido a nuestra vida durante el mayor tiempo posible.
Y en ese sentido, Mick Jagger y los Rolling Stones acaban de dar una verdadera lección. A pocos meses de cumplir 83 años, no solo siguen sobre un escenario: siguen creando música nueva con la convicción y la energía de quienes aún tienen algo que decir. Su último disco demuestra que la creatividad también puede envejecer bien. Tiene canciones que perfectamente podrían estar entre los trabajos más logrados de la banda y confirma que la inspiración no tiene fecha de vencimiento.
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Más que recomendar un álbum por nostalgia, lo recomiendo como una demostración de que un cerebro activo, un cuerpo cuidado y una pasión que se mantiene viva pueden seguir produciendo obras de gran nivel incluso después de ocho décadas de vida. A veces, la mejor evidencia de un envejecimiento saludable no está en un laboratorio. Está en un estudio de grabación.



















